En septiembre, mes de concientización del linfoma, especialistas advierten que síntomas como ganglios inflamados, fiebre sin causa o sudoración nocturna intensa no deben ignorarse. El diagnóstico oportuno puede marcar la diferencia en el tratamiento.
El linfoma no Hodgkin es un tipo de cáncer que se origina en los linfocitos, células del sistema inmunológico que circulan por los ganglios y vasos linfáticos. A diferencia del linfoma de Hodgkin, en este grupo no se identifican las llamadas células de Reed-Sternberg, y abarca más de 60 subtipos distintos, según la Sociedad de Lucha contra la Leucemia y el Linfoma (2023).
Esta diversidad de presentaciones clínicas hace que un diagnóstico preciso sea determinante para definir el abordaje más adecuado en cada caso.
Señales que no deben normalizarse
Uno de los desafíos del linfoma es que sus primeras manifestaciones pueden confundirse fácilmente con otras condiciones. Los síntomas más frecuentes incluyen ganglios inflamados en el cuello, las axilas o la ingle; fiebre persistente sin causa aparente; sudoración nocturna intensa que llega a empapar la ropa; pérdida involuntaria de peso; fatiga continua; y picazón en la piel, de acuerdo con la Fundación para la Investigación del Linfoma (2023).
«El linfoma no siempre comienza con síntomas que inmediatamente asociamos con cáncer. Por eso es importante conocer estas señales y, sobre todo, no normalizarlas cuando persisten. Consultar permite empezar a encontrar respuestas y recibir atención médica oportuna», explicó el Dr. Sebastián Arellano, Director Médico de Roche para Caribe, Centroamérica y Venezuela.
Los expertos aclaran que la presencia de estos síntomas no implica necesariamente un diagnóstico de linfoma, ya que pueden obedecer a otras causas. Sin embargo, cuando se prolongan en el tiempo, la recomendación es buscar valoración médica sin demora.
Impacto regional y avances en el tratamiento
En América Latina y el Caribe, el linfoma no Hodgkin ocupa el décimo lugar entre los cánceres más frecuentes, con más de 40,000 nuevos diagnósticos anuales, según GLOBOCAN 2024. Identificar la enfermedad en fases tempranas puede reducir complicaciones y ampliar las posibilidades de tratamiento, según la Sociedad Europea de Oncología Médica (2023).
En los últimos años, la incorporación de nuevas alternativas terapéuticas ha abierto posibilidades para pacientes que anteriormente no respondían a la quimioterapia convencional o presentaban recaídas, permitiendo alcanzar remisiones duraderas e incluso la curación en algunos casos, de acuerdo con el Journal of Clinical Oncology (2023).
No obstante, trasladar esos avances científicos a la atención real de los pacientes sigue siendo un reto. Fortalecer los sistemas de salud, ampliar el acceso a diagnósticos de alta precisión y extender la atención especializada más allá de las capitales son tareas pendientes señaladas por la Organización Panamericana de la Salud y The Lancet Oncology (2023).
La conciencia como primer paso
Más allá de la investigación científica, el abordaje del linfoma requiere la participación articulada de profesionales de la salud, instituciones, organizaciones de pacientes y otros actores del sistema sanitario.
«Consultar a tiempo puede marcar una diferencia importante en la vida de una persona. La ciencia continúa avanzando y abriendo nuevas posibilidades frente a la enfermedad, pero el primer paso comienza con algo esencial: estar informados, escuchar nuestro cuerpo y no dejar pasar por alto las señales de alerta», concluyó el Dr. Arellano.
Nota: Esta información fue difundida por Roche en el marco del mes de concientización del linfoma.
