El cáncer de mama inflamatorio representa entre el 1% y el 5% de todos los diagnósticos de cáncer de mama, pero es responsable del 10% de las muertes por esa enfermedad, según estadísticas citadas por Mayo Clinic. Su peligrosidad radica en que no produce el bulto que comúnmente se asocia con el cáncer de mama, lo que retrasa el diagnóstico.
En lugar de un nódulo, esta enfermedad provoca cambios rápidos en la piel de una de las mamas: coloración rosada, rojiza, morada o con apariencia de moretón; calor inusual en la zona afectada; y una textura de piel similar a la cáscara de naranja, conocida médicamente como peau d’orange.
Síntomas que imitan otras enfermedades
Debido a que sus señales se asemejan a las de una inflamación común, el cáncer de mama inflamatorio puede diagnosticarse erróneamente como celulitis infecciosa, mastitis o enfermedad de Paget de mama, entre otras afecciones benignas.
«Cuando hay cambios en la piel de la mama, sobre todo en mujeres que no están amamantando y no presentan enrojecimiento asociado a la lactancia, eso puede ser una señal de alarma de cáncer y debe ser evaluado por un profesional médico», advierte la Dra. Hieken.
La especialista subraya la velocidad con que progresa esta enfermedad: «En el cáncer de mama inflamatorio, los síntomas pueden desarrollarse en unos pocos meses», lo que lo distingue del patrón más lento de otros tipos de cáncer de mama. En esta variante, las células anormales se desplazan por los vasos linfáticos de la piel y el tejido blando, lo que origina los cambios visibles en la superficie.
Tratamiento: tres modalidades combinadas
El protocolo de tratamiento del cáncer de mama inflamatorio inicia con terapia sistémica —un tratamiento que actúa en todo el cuerpo— cuya composición depende del subtipo biológico del cáncer: si expresa el receptor de estrógeno o si sobreexpresa la proteína HER2. Esta terapia, administrada generalmente por vía intravenosa, puede incluir:
- Quimioterapia, dirigida a las células de división rápida.
- Terapia dirigida contra la sobreexpresión de la proteína HER2.
- Inmunoterapia, para los casos que no expresan receptor de estrógeno ni proteína HER2, que representan el subtipo menos frecuente.
Tras la terapia sistémica, el plan incluye cirugía —que puede comprender la extirpación de la mama y los ganglios linfáticos cercanos— seguida de radioterapia en el tórax, la axila y el hombro. La Dra. Hieken destaca que este enfoque de tres modalidades es esencial dado el alto riesgo de que la enfermedad se disemine o reaparezca.
Avances recientes en el manejo de la enfermedad
En los últimos años se han registrado mejoras significativas en el tratamiento de esta forma de cáncer. Uno de los avances más relevantes es la incorporación de dos fármacos complementarios para el subtipo HER2 positivo, que bloquean conjuntamente los efectos de la sobreexpresión de esa proteína. «Ha supuesto una enorme ventaja y realmente ha mejorado los resultados para las mujeres», señala la Dra. Hieken.
Adicionalmente, para pacientes que no logran una respuesta completa a la terapia sistémica inicial, existen nuevas terapias dirigidas que se administran tras la cirugía. Otra innovación es la radioterapia de intensidad modulada (IMRT), que utiliza planificación integrada con tomografía computarizada para personalizar el tratamiento en tres dimensiones, minimizando efectos adversos mediante técnicas como la contención de la respiración o el posicionamiento boca abajo durante las sesiones.
En Mayo Clinic, el manejo de esta enfermedad involucra equipos multidisciplinarios que incluyen oncólogos médicos, radioterapeútas, cirujanos oncólogos, radiólogos, patólogos, asesores genéticos, psicoterapeutas y especialistas en medicina integrativa, con el objetivo de brindar atención integral a cada paciente.
